viernes, 14 de octubre de 2016

“Cafú” Arismendi, una vida dedicada al fútbol


Mariann Pérez Rovallo – Especial para PRENSA ATLÉTICO VENEZUELA (@AtleticoVzla)
Un 4 de julio de 1982 en Cumaná, estado Sucre, Enrique Arismendi y Silvia Marchán reciben un miembro más en su hogar, poco sabían en ese momento que su hijo Daniel se convertiría años más tarde en un referente del fútbol venezolano y su apodo reemplazaría su nombre al punto de olvidar presentarse como “Daniel”. En su ciudad natal jugaba béisbol pero desde su llegada a Puerto Ordaz a los siete años de edad, su vida se convirtió en fútbol.
El nacimiento de “Cafú”
El ambiente de Mineros y Minerven deslumbró a Daniel, cuya carrera empezó en los juegos internos de Sidor, el primer lugar donde su papá lo inscribió. Ahí lo descubrió Jorge Azócar, el coordinador de las categorías menores de Mineros de Guayana, donde jugó desde los tres años y debutó como profesional a los 17, luego de un par de temporadas en las formativas de Minervén.

Fue durante su crecimiento en el equipo negriazul que su nombre dejó de ser Daniel. Su desempeño como lateral derecho, que corría arriba y abajo la banda, y que generalmente concluía los piques con gol o pase gol, le ganó el apodo de “Cafú” pues su juego, parecido al estilo brasileño era innegable; las similitudes en sus características físicas con el histórico lateral brasileño sumaron al establecimiento del ya conocido sobrenombre.

Su carrera profesional despegó en el Unión Atlético Maracaibo, una etapa de crecimiento, asegura: “Duró como ocho años, ese equipo que de verdad para mí fue una familia bastante bonita”. Del UAM saltó al exterior, en calidad de préstamo al Atlante de México: “Giancarlo Maldonado me dijo que si estaba interesado en ir a jugar allá una temporada, que a la gente de allá le había gustado mi desempeño en el UAM y tuve la oportunidad”, recordó.

De vuelta en Venezuela, estuvo una temporada más en el Unión y pasó a formar parte de las filas del Deportivo Táchira, sobre esa experiencia explicó: “Allá jugué tres temporadas en las que quedamos campeón y subcampeón. Yo creo que también es uno de los equipos grandes de Venezuela y es bonito jugar todos los domingos en un estadio con 20 o 30 mil personas que te estén apoyando, gritando”.

Durante la celebración de su cumpleaños en Cumaná, recibió la llamada de Daniel Farías quien le ofreció un espacio en el Deportivo Anzoátegui. Una pasantía sumamente provechosa para Cafú, recordó: “Quedé dos veces goleador del torneo, me fui con 32 goles de ese equipo y creo que había marcado un record goleador en el equipo”.

En Atlético llegó el renacer


El éxito en el DANZ le ganó una nueva oferta en el extranjero, esta vez en el Antofagasta de Chile en la que describe como una excelente temporada que no tuvo continuidad por cuestiones relacionadas a un cambio de directiva. Posteriormente visitó Perú:“Pablo Martínez me dio la oportunidad de jugar una temporada con el Juan Aurich. El campeonato ya había empezado, lo estaba dirigiendo José María Bakero, muy amigo de él y muy buena persona. Él y su familia me dieron un trato excelente”.

En su primera pasantía chilena tuvo una muy buena actuación: “Jugamos alrededor de 15 partidos, participamos en Copa Sudamericana y marqué 5 goles en el torneo”. Luego regresó al Zulia FC por un semestre y una vez más volvió a Chile, esta vez al Deportes Concepción, una decisión que considera apresurada, razón a la que atribuye que su rendimiento no fuese el mejor de su carrera.

Finalmente aterriza en suelo patrio y pasa a formar parte de la Raza Atlética donde asegura sentirse “Contento y tranquilo” pues considera que la buena preparación para este Torneo Clausura está rindiendo frutos.  Ser uno de los jugadores con más edad en la plantilla no le preocupa: “A veces me dicen: “Tú con 34 años y todavía corres y metes y siempre tienes la chispa de estar en el área para el gol”, apoyándome”.

“Trato siempre de apoyar al equipo, del “vamos, vamos que sí podemos” aunque estemos perdiendo; si se nos da la victoria, bien; si tenemos que empatar, bueno pues tendremos que empatar pero siempre soy esa persona que aprieta aunque queden diez segundos, para que los más chamos vean y sientan esas ganas de luchar”, revela sobre su actuar en los entrenamientos y partidos del Atlético.

Daniel es una persona competitiva, que disfruta aportar en la cancha para sumar con el equipo y aunque no ha participado en todos los partidos de Atlético Venezuela, considera que ha sido efectivo tratando de aportar para el crecimiento grupal y el suyo propio. “Mi paso por el Atlético ha sido volver a agarrar un aire a lo que era el “Cafú” Arismendi”, sentencia.

Para el cumanés hay todavía muchas metas por cumplir. Dada la ambición futbolística que lo caracteriza, quiere ser campeón de una Copa Sudamericana o Libertadores: “Sé que es difícil pero “Cafú” siempre es así, buscando más allá de las cosas. Esa es mi ilusión”.

Los goles hablan por sí solos


Su paso por la Selección Nacional no fue en vano, 25 partidos disputados y 11 goles enfundado en la camiseta Vinotinto demuestran el esfuerzo de quien soñó con vestirla desde muy joven. Primero formó parte de las categorías Sub 15 y Sub 17: “Cuando Lino Alonso agarraba 80 o 100 jugadores de todo el país, yo me preguntaba cómo iba a quedar entre tanta gente. Creo que era la motivación, las ganas de triunfar que yo tenía. Siempre he sido un chamo humilde, tranquilo, al que le gusta ayudar y creo que es un plus para trabajar”.

Ahora, desde afuera, vive la Selección como un fanático más. Sueña con ver a la Vinotinto en un Mundial, una meta que durante su tiempo en las convocatorias estuvieron cerca de alcanzar; “Espero que estos muchachos que están ahora tengan esa oportunidad y la aprovechen porque es linda y pasa una sola vez”.

De los recuerdos que atesora vestido de Vinotinto, además de los partidos, destaca su amistad con José Manuel Rey y Juan Arango, así como la experiencia de ser entrenado por el doctor Richard Páez, quien aupaba su forma de ser. Recuerda que solía decirle: “Quiero que seas como eres aquí afuera con los compañeros y con nosotros, igual de irreverente en la cancha. Si tienes que sacar el interior, sácalo. Si te sacan tarjeta amarilla, no importa pero hazle gol al que sea”.

Su peculiar festejo de goles no pasó desapercibida a nivel nacional ni internacional y tiene una tierna historia: “Cuando Dhenilson (su hijo mayor) estaba más pequeño, fue en unas vacaciones a Maracaibo, entre sus cosas se quedó un interior de él, y se me ocurrió que ya que él había tenido que devolverse a Puerto Ordaz con su mamá, yo iba a celebrar con este interior. Creo que me dio bastante suerte”, pues comenta que en el Unión Atlético Maracaibo anotó más de 30 tantos.

Un hombre familiar

Admira a sus padres, lo motivan sus hijos, antes de cada partido piensa en su familia y disfrutar su tiempo libre con ellos lo que añora. Con su esposa, Neybeth Romero, ha tenido una relación de diez años: dos de noviazgo y ocho de matrimonio. Sus hijos, Dhenilson de 16 años; Sebastián de seis y Alana Victoria “la princesa de la casa” que nacerá en los próximos días, junto a su esposa son los homenajeados en su mente cada vez que anota un gol.

Si no hubiese sido futbolista, le gustaría creer que habría sido beisbolista. Como buen venezolano disfruta el pabellón criollo y la música que le mueve el alma - y los pies - es la salsa, una afición que comparte con su esposa: “Bailo y mi esposa también, además baila muy bien”, afirma sonriendo.
Ha sido siempre un hombre trabajador “A mí no me dio pena vender empanadas, naranjas, cambures en el barrio, siempre quería salir adelante”, recuerda, al tiempo que asegura que espera enseñar ese valor a sus hijos: “No todo en la vida es dame esto o aquello, hay que lucharlo”.

Su cuerpo es el lienzo de su vida, tatuados lleva a sus hijos, sus padres, un rosario y la bandera de Venezuela. El nombre de Alana, su hija, todavía no tiene un lugar planificado en los tatuajes pero sí en su corazón: Lla estoy esperando con unas ganas enormes para que me haga cariños y ya quedarme tranquilo con esos tres hijos hermosos que me ha dado la vida”.

“Cafú” es un apodo que ha hecho darle más nombre a Atlético Venezuela. La institución agradece su profesionalismo y sus goles. Él se siente a gusto aquí.

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